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"Si caminás conmigo hasta casa te entro": Cacho y el coach de Cantando que lo rescató

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18 Nov 2020 · 12:24

Fue una noche de marzo. Ya se había hecho tarde, pero estaba feliz. Ese día había reestrenado La Desgracia, un musical que ya había tenido una temporada muy exitosa el año anterior. Se bajó del colectivo en Scalabrini Ortiz y caminó hasta la esquina de Aráoz y Paraguay, en pleno barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí lo vio, miraba para un costado, como si buscara a alguien. "Pensé que estaba esperando a su dueño, pero cuando llegó a la esquina me di cuenta de que estaba solo, sin collar y bastante flaco", recuerda Patricio Witis, actor, cantante, director y coach de la edición Cantando 2020, que se emite por Canal 13.

Cruzaron miradas. Y el perro buscó una caricia. Cuando vio que podía avanzar, se tiró sobre las piernas de Patricio para recibir una sesión de mimos completa. "Ahí me derretí. Imaginé que tenía una familia y estaba perdido. Un perrito tan bueno no podía estar abandonado. Me dije en ese instante que tenía que encontrar a su familia, entonces había que llevarlo a casa. Me acuerdo que le hablé en voz alta: si caminás conmigo hasta casa, yo te entro. Seguí caminando y él siguió a mi lado hasta la puerta del edificio. Abrí, y entró como quien hubiese vivido ahí toda la vida".

Las gaviotas de ciudad saben cuándo y dónde buscar comida humana

Cuando Cacho llegó a la casa de Patricio, estaba muy flaco y agotado por la vida en las calles.

Aunque Patricio asegura que viene de familia bichera, nunca antes había rescatado a un animal. "Mi abuela, mi vieja y mi viejo siempre tuvieron perros y muchos de ellos rescatados, encontrados en alguna ruta o por el barrio, pero fue la primera vez para mí. Y hoy entiendo esa conexión que viene con cambiarle la vida a un cuatro patas".

Nueva vida para Cacho

Esa primera noche, Cacho, como lo bautizó, se mostró estresado. En cuanto entró a su nuevo lugar, inmediatamente le comió toda la comida a Rocco -el gato que convive con Patricio-, tomó agua, se desplomó en el piso y ya casi ni se movió. "Fue un shock para Rocco ver entrar un animal de casi 40 kilos. Esa noche le huía. Pero él también es rescatado (de los techos de una casa en Constitución) y quiero creer que entendía lo que estaba pasando, que otro cuatro patas necesitaba de ayuda. Al día dos ya se le acercaba, lo olía".

Rocco, el gato de Patricio, también es rescatado y parecía comprender lo que estaba pasando: otro cuatro patas necesitaba de ayuda

Claramente Cacho necesitaba descansar y así lo hizo. "De todas maneras, me impresionó lo bien que se portó en los días que siguieron. Nunca hizo ni pis ni caca adentro, y era muy obediente en sus salidas".

Cuando llegó el momento de hacer una consulta veterinaria, Mariano Díaz, el veterinario de confianza de Patricio, examinó al perro y, a pesar de que era evidente que estaba muy flaco y había perdido la vista de uno de sus ojos, lo encontró en buenas condiciones. Determinó que Cacho estaba castrado y tenía aproximadamente tres años. Le aplicó vacunas, lo desparasitó y le regaló un platito de comida que Cacho conserva hasta hoy. "Cada vez que pasamos por su puerta Cacho sigue queriendo entrar y saludarlo".

En principio, la idea de Patricio era buscar a la familia de Cacho. Pegó carteles en la vía pública, entró a todas las paginas de perdidos y encontrados y quedó impresionado por la comunidad con la que se había cruzado para ayudar a los cuatro patas. "Al no tener respuesta, decidí transitarlo ya que es un perro muy grande para vivir en departamento. Pero como suele pasar en estos casos, me encariñé. Un pequeño esfuerzo de mi parte me devolvía un amor incondicional e inconmesurable. Tiene un carácter tan bueno. Se hizo amigo de todos los perros en la plaza, conocí vecinos y sus perros, entra a todos los negocios de la cuadra (la fiambrería es su preferida). Podríamos decir que Cacho me conectó muchísimo con el barrio y su gente".

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Patricio Witis (@patowitis)

Y con una sonrisa Patricio confiesa que la relación que logró crear con Cacho es hermosa. Salen a pasear tres veces por día a la plaza y lo acompaña a hacer todos los mandados. Si no tiene que ir a trabajar, siempre lo acompaña. "Mis amigos ya lo conocen todos, ya que viene de bares con nosotros. Le gusta quedarse sentado o acostado al lado de la mesa. En casa me sigue al ambiente en donde esté: la cocina, el living y duerme en su mantita al lado de mi cama. Se convirtió en una máquina de abrazos, si estoy en la computadora, se me sube para que lo abrace. Es muy ágil cuando sale y le encanta correr, mi sueño es llevarlo a conocer el mar. Verlo correr en la playa y perseguir las olas de la orilla".

Pocas veces ladra. A la noche, cuando salen por el último paseo del día, Patricio lo deja sin la correa y camina a su costado, como si un hilo invisible los uniera. Pero, cuando llegan a la plaza, Cacho empieza con su show de destrezas: corre sin parar, salta las rejas como un atleta olímpico y busca el pasto fresco para tirarse de cuerpo entero a descansar. Es simplemente un perro feliz que muestra su sonrisa donde quiera que vaya.

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Claramente Cacho necesitaba descansar y así lo hizo. "De todas maneras, me impresionó lo bien que se portó en los días que siguieron. Nunca hizo ni pis ni caca adentro, y era muy obediente en sus salidas".

Cuando llegó el momento de hacer una consulta veterinaria, Mariano Díaz, el veterinario de confianza de Patricio, examinó al perro y, a pesar de que era evidente que estaba muy flaco y había perdido la vista de uno de sus ojos, lo encontró en buenas condiciones. Determinó que Cacho estaba castrado y tenía aproximadamente tres años. Le aplicó vacunas, lo desparasitó y le regaló un platito de comida que Cacho conserva hasta hoy. "Cada vez que pasamos por su puerta Cacho sigue queriendo entrar y saludarlo".

En principio, la idea de Patricio era buscar a la familia de Cacho. Pegó carteles en la vía pública, entró a todas las paginas de perdidos y encontrados y quedó impresionado por la comunidad con la que se había cruzado para ayudar a los cuatro patas. "Al no tener respuesta, decidí transitarlo ya que es un perro muy grande para vivir en departamento. Pero como suele pasar en estos casos, me encariñé. Un pequeño esfuerzo de mi parte me devolvía un amor incondicional e inconmesurable. Tiene un carácter tan bueno. Se hizo amigo de todos los perros en la plaza, conocí vecinos y sus perros, entra a todos los negocios de la cuadra (la fiambrería es su preferida). Podríamos decir que Cacho me conectó muchísimo con el barrio y su gente".

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Y con una sonrisa Patricio confiesa que la relación que logró crear con Cacho es hermosa. Salen a pasear tres veces por día a la plaza y lo acompaña a hacer todos los mandados. Si no tiene que ir a trabajar, siempre lo acompaña. "Mis amigos ya lo conocen todos, ya que viene de bares con nosotros. Le gusta quedarse sentado o acostado al lado de la mesa. En casa me sigue al ambiente en donde esté: la cocina, el living y duerme en su mantita al lado de mi cama. Se convirtió en una máquina de abrazos, si estoy en la computadora, se me sube para que lo abrace. Es muy ágil cuando sale y le encanta correr, mi sueño es llevarlo a conocer el mar. Verlo correr en la playa y perseguir las olas de la orilla".

Pocas veces ladra. A la noche, cuando salen por el último paseo del día, Patricio lo deja sin la correa y camina a su costado, como si un hilo invisible los uniera. Pero, cuando llegan a la plaza, Cacho empieza con su show de destrezas: corre sin parar, salta las rejas como un atleta olímpico y busca el pasto fresco para tirarse de cuerpo entero a descansar. Es simplemente un perro feliz que muestra su sonrisa donde quiera que vaya.

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