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Master Chef Celebrity Argentina

¿Por qué Master Chef Celebrity Argentina tuvo tanto éxito? Porque unió con ingenio dos pasiones argentinas: la comida y los famosos clase B. ¿Y dónde las unió? En la gran institución virtual del siglo XX, la televisión de aire.

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09 Jan 2021 · 08:12
Master Chef Celebrity Argentina
vía telam

Por Juan Terranova

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El casting es un arte fino y complejo que, cuando triunfa, se vuelve natural y hasta imperceptible.

¿Por qué Master Chef Celebrity Argentina tuvo tanto éxito? Porque unió con ingenio dos pasiones argentinas: la comida y los famosos clase B. ¿Y dónde las unió? En la gran institución virtual del siglo XX, la televisión de aire. ¿De aire? El planteo es muy simple. Más allá de los matices, se trata de cocinar. El que cocina bien sigue en el programa, el que no, se va. Reglas comprensibles para un año, el 2020, que se distinguió por salirse de todos los moldes. El encastre, entonces, resulta perfecto, un maridaje, digamos, eficiente. La comida representa el detalle, la promesa del delicado goce mundano. Las celebrities, que todavía no llegaron a ser famosos ABC1, son aspiracionales, remadores interminables de su nicho, orilladores de la farándula, y eso los hace Patria, los hace argentinos.

Si la televisión supo ser una de los grandes espejos de la simulación en la lucha por la vida, ver a esos resistentes de la baja aristocracia intentando, trabajando, fallando y acertando, y ofreciendo siempre su talento, sofisticado o mediocre, genera empatía. No hay vuelta: comer es grotesco, pero cocinar es divino. Así, este Master Chef fue el reverso del programa de Mirtha donde la comida llega hecha, es aprobada y luego se olvida para pasar a las especulaciones sobre la coyuntura política, la agenda de la semana y la vida misma. Si Mirtha es salón, y salón-comedor, Master Chef es su bambalina, trastienda que propone, ya desde el decorado, un lugar de trabajo cálido, pero no por eso menos exigente, habitado por duendes navideños, o demonios menores, que se mueven presurosos para enfrentar la mirada severa de sus patrones. Ellos son Donato de Santis, el italiano campechano, Germán Martitegui, el villano, y Damián Betular, el pastelero elegante y, por lo tanto, el verdadero villano. Del Moro conduce bien, vende bien, es sincero en su formalidad y rinde mucho como presentador afirmativo y buena onda, más que en otros papeles televisivos que lo excedían. De hecho, los trajes que usa le dan un toque de sofisticación al escenario siempre desbordado de las cocinas.

¿Y quienes cocinaron? Pasaron por el programa un ex futbolista sentimental, un viejo actor, un humorista judío, una o dos vedettes, algunos que no se sabían qué hacen, otros que eran hijos o parientes de gente famosa, y siguen en carrera la mujer de Maradona, una instangramer, un cantante de cumbia, una periodista, esa es la línea. Pero ¿qué línea? ¿La del cohete al sol de los Simpsons? Perfecta combinación sobre la cual el televidente debe hacer el esfuerzo por conocer a los que no conoce y redescubrir, en su versión servicial, a los que sí.

El momento en que el jurado evalúa es tenso. Se repite la escena de Donato diciendo “¿comeremos rico hoy?” y, luego, la de los tres cortando y masticando en silencio mirando a los ojos a cada participante. Es el instante más artificial y, al mismo tiempo, penetrante que se vio en la tele del 2020. El que alguna vez cocinó para otro sabe de ese minuto crucial, esa espera de la aprobación que también puede ser rechazo. Cada gesto vale. Por todo esto, no se trata de un programa de cocina. Tampoco es de crítica gastronómica. La edición hace que el tiempo se vuelva televisivo, la música ayuda. La iluminación blanca y todopoderosa no deja ver sombras ni claroscuros. No hay dónde esconderse. Master Chef saca, así, la novela familiar del neurótico del living y la mete en la cocina, un lugar más complejo, donde los errores son menos relativizables.

Donato de Santis, el italiano campechano, Germ