Tamara Paganini fue una de las integrantes de la casa del primer Gran Hermano Argentina que más sufrió la fama que le otorgó la televisión. A 20 años de esa experiencia, la artista sigue apuntando contra Telefe y la productora Endemol, y en diálogo con Exitoína relata las peripecias que atravesó durante dos décadas, que incluyen pérdidas de dinero, ataques de pánico, juicios, no tener para comer y hasta la posibilidad de quitarse la vida.
En una entrevista a fondo, Paganini cuenta cómo tuvo que sufrir un nuevo encierro una vez que había dejado las instalaciones del reality show que conducía Soledad Silveyra en aquel 2001, y adelanta cómo será su regreso a los medios artísticos y de comunicación.
-¿Cómo lo viviste GH adentro y cómo sentiste el posterior reconocimiento masivo?
-Adentro, por ciertos momentos me agarraba cierta claustrofobia. La casa era enorme, sí, pero el hecho de no poder salir te genera cosa. Si bien yo lloré bastante en la casa, porque te sensibiliza mucho el encierro también me divertí mucho. El tema es que no podías escribir ni leer, y eso al ser humano le afecta mucho. Con el tiempo me enteré que los nuevos GH sí lo permitían.
Una vez me cagaron a pedo porque estaba escribiendo con un alambre en un papel y me lo sacaron.
Seguí viviendo como si fuera mi casa. Más allá de que sabía que era un juego, una competencia, a diferencia de Gastón, no armé un juego y si me elegían, me elegían, simplemente viví. De hecho, yo no me había dado cuenta de toda esa estrategia de Gastón. Incluso, él debería haber ganado, porque si hizo toda esa estrategia para ganarlo, era un genio. Un niñito con una gran inteligencia.
-¿Cómo te llevabas con tus compañeros y compañeras?
-Adentro de la casa tuve agarradas más que nada por cosas de la convivencia. Me enojaba porque no teníamos bidet... y bueno cuestiones de higiene. También me acuerdo que una vez, Lorena, la primera eliminada, compró un vino muy caro y yo la re bardié. Peor, la verdad es que adentro la pasé bien, me reí mucho, lloré mucho y crecieron mucho los sentimientos hacia quienes vivían ahí conmigo, que de pronto pasaron a ser mi familia, porque las veía las 24 horas.
-¿Y hoy tenés contacto con alguno de tus ex compañeros /as?
-Con La Pato, la cordobesa, que hoy es una de mis grandes amigas, vivimos juntas en una época, después con la colorada (Verónica) también. En cierto momento ya no soportábamos más y se fue con lo puesto a vivir a España y no la volví a ver. Ah, sí la volvía ver cuando viajé a Europa. Y ahora es todo vía chat, pero es como mi hermana. También me hablo con Alejandro, el que tenía el saxo, con Gustavo, el que abandonó que era el pizzero. Con Gastón sí seguimos teniendo contacto la salir de la casa, pero él estaba muy mal, la bardeada un montón y yo no podía detenerlo de alguna manera. Sentía que no podía ayudarlo y no podía seguir de la mano de él. De hecho, él la pasó muy mal hasta que se rescató y hoy labura y está bien. Ya después no seguimos teniendo mucho vínculo. Pero sí me acuerdo que una vez me vino a ver al teatro con Eleonora, pero con ella sí que no tuve más contacto.
-¿Y con Marcelo?
Sí, a veces nos hablamos por Instagram o por Facebook, no tengo contacto diario pero cada tanto hablamos.
De hecho en principio, durante los dos primeros años después de salir de la casa, yo me hablaba con todos. Entonces, por ejemplo, si quería hacer mi cumpleaños, tenía que estar viendo a quién invitaba y a quién no, porque entre ellos se llevaban como el culo, entonces no los podía juntar. Por ejemplo, si viene Natalia no puede venir Martín, porque se iban a decir de todo. Pero la verdad. Más allá de las discusiones siempre tuve buena relación con todos. Todo el mundo puede discutir con alguien y listo, ya pasó, no por eso se corta la relación. Estando todos ahí juntos, es como que bueno, llevémonos bien.
-¿Cómo fue el tema del reconocimiento masivo?
-Tremendo porque no sabíamos que era tanto. Yo no sabía que salía de la casa y que afuera iba a haber 3 mil personas esperándome. Yo pensé que me iba a encontrar con mi familia, mis amigos, peor no tenía ni idea de que estaría toda esa gente. Al salir había una pasarela, en donde de los dos costados había personas.
Después me enteré que había 3 mil personas adentro de los estudios y 2 mil personas que quedaron afuera porque ya no había espacio para que entren. Y tampoco me imaginaba que la gente tuviera remeras con mi cara, no lo entendía. De hecho como que, me acuerdo que cuando Mariano Peluffo me corrió de adelante mío y me pregunta cómo estaba.
Es que yo me acuerdo que ese último día, el de la salida, yo había entrado al confesionario y les había pedido si me podían algo para tranquilizarme porque no podía respirar. Estuve todo el día agitada y sentía que me iba a dar algo. Y me decían que me quede tranquila, que no pasaba nada, que respire. Imaginate que yo salí de ahí, y sí, seguramente habrían productores y cámaras, pero jamás imaginé una pasarela con toda esa gente y que de cada lado habría 1.500 personas con remeras con tu nombre o el de tus compañeros o compañeras. La gente quería arrancar un pedazo. No entendía nada.
-¿Pudiste respirar?
Sí, cuando terminé de caminar por la pasarela. Lo que pasa es que hay un montón de cosas que la gente no vio y que no salieron en cámara. Después de la pasarela me descompuse. Como que miraba un punto fijo y no entendía qué pasaba, como si estuviera en una película o en una nebulosa o bajo los efectos de algún ácido lisérgico. Y claro me querían hacer reaccionar, porque inmediatamente tenía que ir al estudio con Solita. Y yo no reaccionaba, me daban cachetazos, me tiraban agua. Había uno que me decía “dale, reaccioná que hay que ir al estudio” y otro que me decía “ ará, no ves cómo está esta chica. Hay que llamar a una ambulancia”. Un lío que recuerdo como a lo lejos, como que apenas escuchaba. Hasta que bueno, reaccioné y entré al estudio.
-¿Te vio un médico antes de entrar al estudio o te mandaron de una?
-No. No había tiempo para médico. Supongo que no lo consideraron necesario. Más en esa época, no se cuidaban mucho estas cosas.
Entré con Solita Silveyra que yo la conocía únicamente con la pantalla. Nosotros teníamos una tele en la cual ella nos hablaba los días de nominaciones. Y fue bastante emocionante verla, porque ella era el único contacto externo que teníamos, es decir, la única cara diferente a la que veíamos todos los días. Fue bastante emocionante verla a Solita en persona, en ese momento me pareció una tierna y luego, incluso, habló con mi familia por teléfono en una oportunidad. Y bueno, yo después en un momento me enojé bastante, pero porque creo que no entendía al medio.
Yo me enojé con Solita porque me decía “son unos HDP, la cosas que hablan de vos” y después veo una publicidad e Solita con la revista de GH, en donde yo estaba en bolas en la tapa, en bombacha y corpiño, y Solita haciendo la publicidad de la revista. Entonces, la misma persona que me había dicho “son todos una mierda porque sólo se manejan pro la plata, vos cuidate” , de pronto la ví haciendo eso... y sí... me enojé. Yo me enojaba porque era muy idealista, lo sentí como una traición, como que me mintió en la cara. Y hoy entiendo que no era ni mi mamá, ni mi psicóloga, era su trabajo. Yo era parte de su trabajo, y eso no está ni mal ni bien. Algunos pueden hacerlo y otros no. Y no significa que uno sea una mala persona. Y una no lo puede cambiar, entonces o empezas a funcionar para encajar en eso o te abrís.
Y fue lo que hice. Yo quería eso. Huir. Quería que la tierra me trague.
-¿Huir del medio o de la gente?
-Principalmente huir del medio porque hacía que yo no pudiera caminar tranquila por la calle. Mis peores momentos después de GH no fueron en los medios, sino en la calle. Pero, por lo que generaban los medios.
Me han arrancado pelos, algunos por odio, otro porque querían llevarse un recuerdo mío. Me han escupido, a mí y a Gastón, en la calle en un boliche. Un montón de cosas, que ahora uno con el diario del lunes dice “no es para tanto”. Pero en ese momento no había una fama semejante a la de Gastón y la mía, ni siquiera Marcelo, que había sido el ganador.
-Ustedes fueron los que más pegaron a nivel de popularidad.
-Así de claro lo tenía la producción que a Gastón y a mí nos separaron del resto del grupo, incluso de Marcelo. Nos encerraron en un hotel durante 7 días para que nadie nos sacara notas. Todos eran libres, podían salir, pero Gastón y yo encerrados, porque éramos los caballitos de batalla.
Nos encapucharon, nos tiraron adentro de un auto y había gente persiguiéndonos. Nos cambiaban de hotel cuando nos encontraban, no podíamos asomarnos por la ventana. Nada. No sabíamos qué estaba pasando.
Hasta que yo me cansé, porque tampoco me dejaban ver a mi novio. Los primeros dos días después de GH nos dejaron ver a nuestros padres pero después nos sacaron. Éramos nosotros , los productores y una psicóloga.
Un día me hinché y dije “me voy”. Porque claro, nosotros no sabíamos qué era lo que estaba pasando. Nosotros hasta ese momento. No nos dejaban ver revistas ni noticieros ni nada, entonces no sabíamos el auge que habíamos provocado.
Cuando me decían que no podía salir, yo creía que era porque ellos me querían tener cautiva, no porque realmente no podíamos salir. Nunca me lo hubiera imaginado.
-¿Por qué no te explicaron el real motivo de ese “nuevo encierro”?
-Supuestamente, por nuestra salud mental, nosotros no teníamos que saber que habíamos generado tal impacto. Después, con los años, entendí que no era por nuestra salud mental, creo que era porque ahí nos tenían controlados, podíamos darle las notas sólo a ellos.
En los hoteles había productores que nos cuidaban. Sólo Gastón y yo, sin recibir visitas y sin salir de la habitación. Yo decidí irme al 5to día. En esos días, los productores nos sacaban a escondidas, íbamos a hacer notas y volvíamos. Solo salíamos para hacer notas que había pactado Telefe.
-¿Por qué crees que vos y Gastón ganaron tanta popularidad?
-Creo que los dos personajes que eligieron era más bien arquetipos, porque la irreverencia en general llama la atención. Puede gustarte o no, pero si ladran Sancho es porque cabalgamos. Creo que para que un programa tenga éxito tenes que odiarlo mucho o amarlo mucho.
Para mí era un mundo desconocido. Yo no miraba la tele casi. Es más, ahora tengo tele, después de 9 años. Mi novio me obligó a poner cable.
Yo nunca pedí un autógrafo, jamás. No me imaginaba que me iban a pedir a mi autógrafos. Imaginate que en el último día quedamos 4 y luego esa misma noche salimos uno a uno. Y en el último día me decía Gastón “ay boluda, vamos a salir. Imagínate si te subís a un bondi y te piden un autógrafo, ¿vos qué hacés?” Y yo re descreída. “Ay ¡cállate boludo! Qué nos van a pedir autógrafos. Me bajo del bondi si pasa eso,” le dije. Y cuando salimos había 3 mil personas con nuestras caras en las camisetas. Y ahí empezó una locura.
No pude salir de mi casa durante meses, hasta que decidí irme ir a vivir a Córdoba. Encerrarme allá, porque no podía caminar por la calle, no podía entrar a un comercio. Un director de teatro me dio bigote, barba, pelo postizo y yo empecé a disfrazarme de hombre y con actitud de hombre para poder caminar en la calle. Porque por más que te camufles, no sirve.
Yo estaba rubia cuando entré, a los meses de salir, me teñí de marrón y me puse flequillo. Me acuerdo que fui a al peluquería con la Colorada, ex de GH, y salimos de ahí, camufladas, porque ella tampoco podía caminar. Para hacer la prueba salí con el pelo oscuro y antejos. Me fui caminando desde Palermo hasta el obelisco. Iba por la calle llorando, con congoja, porque estaba pudiendo caminar y nadie me hablaba.
Las que me desperté a la noche… esos sueños con muchas voces que decían mi nombre. "¡Tamara, Tamara! Tamara!".
-¿Cuánto duró esa locura de tratarte como un beatle?
-Y mirá, yo en el 2003 me fui a vivir a Carlos Paz. Era el año 2005, iba caminando de la mano con la hijita de mi exnovio y la gente se me tiró encima y me arrancaron a la nena de la mano. La gente empezó a arrinconarme contra una mesa y quedé apoyada debajo de la gente. En tanto, mientras tanto algunos te decían te amo, otros puta, otros te arrancaban el pelo, era una mezcla de todo. Y ahí de nuevo la policía y yo gritando 'la nena, la nena'. Después salí con un ataque de pánico.
Quizá a Gastón y a mí nos sucedió por más tiempo, pero a los demás también. A la Colo la tuvieron que sacar con una grúa del shopping. Porque a la gente le agarraba un ataque de locura y se iba de donde estaba. En Av. Libertador una vez se paró el tráfico porque se dieron cuenta que yo estaba adentro del auto. Entonces, paró el semáforo, dos autos frenaron adelante y alguno de algún costado. Y uno se bajó del auto, lo dejó abierto y empezó a golpearme la ventanilla y ahí todos los que estaban estacionados se bajaron del auto y todos dejaron sus autos y abiertos y todos empezaron a mover el remis en donde yo estaba, arriba. Yo tirada en el piso con un ataque de nervios, el remisero, pobrecito, temblaba, con el auto abollado y no podía arrancar. Y ahí vinieron los bomberos. No sabía lo que eran los ataques de nervios hasta que entré a Gran Hermano.
-¿A qué te referís con “renegué de ser Tamara Paganini”?
-Quizá yo me imaginé que iba a ser algo diferente. Creí que cuando saldría de ahí y me iba aquedar algún dinero, porque mientras estábamos dentro de la casa ellos nos pagaban algo todos los meses. Antes de Gran Hermano no era bailarina, yo ya trabajaba en un bingo, aunque ellos se centraron en la bailarina.
En esa época no estaban las pole dancer, entonces en ese momento no sabían si eran bailarina o puta. Y te escupían, te insultaban.
-Pero hubo una ganadora de GH, Viviana Colmenero que fue trabajadora sexual, ¿no es incongruente la reacción de la gente?
-Fijate que no, porque Viviana había sido prostituta pero ella no habla todo lo que hablaba yo. Quizá lo que yo hablaba era más jugado. Ahora lo entiendo así, antes no entendía por qué todo el escándalo. Viviana tenía un perfil más bajo entonces quizá no contó historias en particular, no contaba lo que pensaba de eso, era como más callada, más reservada o tímida. No sé
Yo no era puta y sin embargo he hablando sobre tamaños del pene. Conversaciones que entre amigas se habla, yo nunca me imaginé que se armaría ese escándalo. Yo pensé que tenía conversaciones normales.
Quizá eso se habla en otros ámbitos, pero no en la tele. El tema es que yo ahí fui a vivir, no fui a la tele. Además no podés estar la 24 horas posando hay una cámara grabándote. Lo que se muestra ahí es lo que sos. Excepto para los que realmente fueron a jugar, por ejemplo Natalia Fava, Gastón, Eleonora, pero el 90% de lo que se vía en la pantalla éramos nosotros.
-¿Natalia fue a jugar?
-Ella entró queriendo ganarse un espacio en la tele. Ella entró para hacerse famosa y después se relajó. Me acuerdo un día que tuvimos que limpiar la pileta y me acuerdo que ella apareció con un vestidito tejido super sexy, anteojos espejados y la bardeamos tanto que ahí se relajó, se puso un jogging y se puso a limpiar. Pero ella entró para trabajar en la tele.
-Y con esta cuestión de renegar de Tamara, ¿por qué?
-Durante muchos años odiaba ser yo. Tener que estar obligada a ponerme a hablar con alguien, darle un autógrafo o comerme una puteada sino lo hacía. Entonces prefería ni siquiera salir. En un momento adopté la práctica de maltratar a los demás, pero me hacía peor. Los gritos y los llantos que tiene mi almohada, no te lo puedo explicar.
-Después de GH, ¿pudiste trabajar, cómo fue?
-Mi idea era volver a trabajar en el bingo. Pero era imposible, porque en donde estaba yo se juntaban mil personas y te rompían todo. Llegué a un nivel terrible. Estaba alquilando un departamentito en Carlos Paz, que en realidad no estaba pagando el alquiler porque no podía. Me habían cortado el gas, porque no lo podía pagar, re mal. No tenía para comer. Mi amigo me tiraba plata para que compara arroz. Y yo también tenía una actitud de yo puedo sola, no quiera ayuda de nadie, era muy orgullosa. Tuve que tratar esa idea de que por pedir ayuda no soy una inútil. La pasé muy mal.
-¿Qué hiciste con el dinero del premio?
Cuando salí gané 39 mil pesos, que eran el 1 a 1 en ese momento. Y no me alcanzaba, porque yo entré con la ilusión de que si llegaba a ganar les comparaba un departamento a mis viejos. Con ese dinero no me alcanzaba, pero era un montón de plata igual. Además yo como no salía no nada, no gastaba. Gastaba en taxi o remis. Yo me quedé con 9 mil dólares El premio se me fue en tomar taxi o remis para poder trasladarme. Y lo demás se lo di a mis viejos para que invirtieran, pusieron una barra en un boliche. Fue un proyecto con ilusión, pero justo cayó todo el caos de De la Rúa. Ellos quebraron, perdieron toda la plata que les di y nos quedamos todos en pampa y la vía.
Ahí empiezo a buscar trabajos. Me acuerdo de un caso en donde mando el cv, yo tenía 31. Estaba emocionada porque alguien quería entrevistarme. Cuando llegué a la entrevista, había otras chicas y todo se convirtió en un caos. Me tuve que ir llorando, la gente me corría. Después llamé por teléfono y les conté lo que pasó y pero quedamos en que iba otro día, sola.
Yo estaba desesperada, no tenía para comer. Tenía unas berenjenas podridas en la heladera. Vino mi amiga, La pato, y encontró las dos berenjenas podridas en la heladera y las tiró. Y le dije, pero Pato, es lo único que hay para comer. Y ahí fuimos, abrimos la bolsa de bolsa y sacamos las berenjenas, porque no había otra cosa para comer. Y a la semana la entrevista siguiente, voy a la entrevista.
El que me entrevistó me preguntó todo sobre GH, y si bien yo estaba harta del tema, le conté todo, pero yo quería caerle bien, porque quería el trabajo, lo necesitaba. El tipo hasta llamó a la secretaria. El tipo me dice después, “el trabajo era hasta 28 años. Pero yo en el cv puse que tenía 31. Y entonces ¿para qué me llamaron? Y, porque queríamos conocerte”.
Ahí se me vino el mundo abajo y entendí que nunca más iba a poder salir de Tamara Paganini y que nunca más iba a poder conseguir trabajo. Sentí que se me había acabado la vida. Y ahora, qué hago, cómo vivo. Fue tremendo.
-¿Y trabajar en los medios, no fue una opción?
-Yo cuando salí de GH me decían que querés hacer. Cine, teatro, novela, radio. Y yo ahí sólo quería irme a mi casa. Si los medios habían provocado que mi vida fuera intolerable, no iba a seguir ahí. Yo creía que en algún momento se desinteresarían por mí. Tanta gente quiere ser famosa, por qué iban a insistir conmigo. Bueno, después entendí que no era así, que yo al negarme estaba generando aún más interés. Mis fotos salían más caras que las demás. Eran conceptos que no tenía. Yo no sabía que me podían pagar por estar en un boliche. No sabía en concepto de presencia
-Y ante la necesidad, ¿no pensaste en volver a los medios?
-Empecé a vivir de presencias, a presentar concursos en boliches. Que ahí también pasé situaciones de abuso, me lastimaron. Me tocaron el culo, las tetas, yo he salido con las teas y el culo lastimado de un boliche. Más allá de la seguridad, era muy difícil. La seguridad por lo gral se desbordaba, siempre. Incluso hasta la policía en un boliche gigante que había en La Rioja. Y entre todos no pudieron. De ahí salí con la ropa rota y lastimada. Esto por euforia de la gente.
Ahora, por ejemplo si le hubiera pasado a Natalia, lo que me pasó a mí, ella sí lo hubiera capitalizado. Pero yo entré con otra cabeza, quería seguir viviendo mi vida, entonces, me explotó una bomba en la cara. Y al no capitalizarlo me hizo daño, pero creo al día de hoy, que si no hubiera tomado esa decisión, me hubiera suicidado. Hoy estoy más grande, pasaron los años y cada tanto sale alguien o de tras de un árbol para hacer una nota sobre qué es de la vida de Tamara. Nunca me dejaron totalmente en paz. Pero con la terapia y todo entendí que nunca voy a dejar de ser Tamara Paganini. Tengo que vivir con lo que generé yo y con lo que generaron de mí y de mi personaje. Y creo que ahora es tempo de volver
-¿Pensaste en irte afuera? -Mil veces. Estuve apunto de irme a vivir a México y tampoco se dio. La Colo sí se fue , a España. Pero no tenía un mango y estaba muy temerosa, Y también acá, mi vida privada había cuestiones. Mis viejos no estaban bien. A mi hermano le han pegado por ser mi hermano, a mi papá le gritaban de todo. Yo cargaba con esa culpa, de haberles jodido la vida.
-Hubo un juicio contra Telefe y los productores por violencia mediática
-Trece años duró el juicio. Hubo muchas vueltas legales. Me han ofrecido plata y yo lo único que quería era que me pidieran perdón. El idealismo de cuando uno es joven. Yo quería que me dijeran en la tele, que me pidieran perdón y que reconozcan que me habían hecho daño. Mi abogada me decía que por favor, que no iba a terminar más eso. Porque yo estaba yendo contra DirecTV Endemol, Telefónica, Telefe, un montón. Yo no quería arreglar, y no quería arreglar… Y creo que la terapia también me ayudó a darme cuenta de que estaba luchando contra un imposible.
Lo que yo quería no iba a suceder. Entonces, con todo el dolor del alma, un día me senté y dije ‘bueno, está bien, vamos a arreglar’. Y arreglamos.
-Bueno, pero capaz que todo eso te ayudó con el tema del trabajo. La necesidad económica también…
-En lo que más me ayudó es a largar. A decir bueno, ‘ya está, ya pasó. No fue como yo quise’. Fue injusto, me hicieron daño y bueno, la vida es así.
-¿En qué sentido decís que te hicieron daño?
-Y, en todo lo que te conté. Porque… quizás no cuidaron todo lo que los demás decían que era su producto, que éramos nosotros. Pasa que éramos personas. Entonces, salía uno. Lo que decía Rial… Para la gente, lo que decía Rial era palabra santa.
Siempre estaban… No sé, yo podía hablar de política o de esto o de lo otro, pero siempre estaban en Gran Hermano como mostrando cuando yo hablaba de sexo… Yo la verdad que soy como una mina que habla muy libremente de todo, sin demasiado pelo en la lengua. Y lo más interesante para ellos era cuando hablaba de sexo o de… que se yo, cuando puteaba… O sea, mostraron una faceta que no es que no la tengo, pero un ser humano tiene miles de facetas. Pero te centras en una y la gente va a consumir eso. Todo va a girar en torno de eso.
-¿Te sentiste cosificada como producto sexual?
-Ehh… No sé mucho eso de la cosificación, yo creo que cada mina hace lo que quiere y se siente como quiere. No sé… No quiero hablar mucho del feminismo y que se yo, pero me parece que pasa por la educación que las madres les dieron a sus hijas, que exista todo esto… De que los hombres maten a las minas, que las quemen o que se yo, es mucho error de las abuelas que nos criaron y que no supieron porque ellas no lo sabían obviamente cómo hacerse valorar.
Yo no sé si a mí me enseñaron bien o que se yo, yo nunca me sentí cosificada. Si yo salía a mostrar el culo, sabía que estaba mostrando el culo y que todos me iban a estar mirando el culo porque salía a mostrar el culo. Después no me iba a quejar de que ‘ay me están mirando el culo’.
-Bueno, lo tenías claro, que no es poco.
-Pero sí. Y si un chabón te dice algo en la calle o que se yo… La verdad es que todo ese tema creo que siempre lo manejé muy bien. Cómo te puedo decir… Y me han seguido una cuadra entera unos chabones hablando de mi culo a dos metros de distancia. Venían caminando atrás mío y hablando en voz alta de todo lo que le harían a mi culo y que se yo, hasta que me cansé, paré y a los gritos, como si fuera una loca, empecé a hablar de sus culos. ‘Ay si papito movémelo vos y cómo te queda ese pantaloncito’, pero a los gritos que la gente paraba. En Avenida de Mayo (risas). Y los chabones terminaron huyendo de mí porque yo parecía una loca, ¿entendes? Pero bueno, probablemente no vuelvan a hacer eso nunca más.
-Sí, una los va ubicando.
-No me quedo en la de ‘ay, me dijeron cosas. No, son re malos. Como que siempre tomé el toro por las astas…
-Hablando de esta construcción del personaje que hicieron con vos, en ese sentido te lo preguntaba.
-Pero imagínate que yo, la palabra que más escuchaba en mi vida era “puta”. Aparte, tenía un apodo que era “putamara”.
-¿Eso después de Gran Hermano?
-Es tremendo.
-¡Es tremendo! Es tremendo si hubiese sido puta o no.
-El problema es la carga violenta que le ponen a la palabra. No es ni buena ni mala, pero le ponen carga.
-Exactamente. Y, a parte, nunca hubiera imaginado… Mirá, de mí siempre han hablado de chiquita. Porque tengo esta personalidad y que se yo. Y quizás era medio famosa desde adolescente entre mi círculo digamos. Pero podía alguien no coincidir conmigo, que esto o lo otro, pero nunca me iba a gritar en la cara “puta”.
A mí, la verdad no me interesa en absoluto lo que piensen de mí. Diferente es cuando venís a gritarme en la cara lo que pensas de mí. A mí que me importa, deja de gritarme.
Pero bueno, los insultos y las situaciones más feas que viví fue con mujeres. Las mujeres me han dilapidado, me han… Cómo te puedo decir… Era como una puta de mierda.
-Sí, es que era una época compleja. ¿Cómo te imaginas que hubiese pegado el programa hoy? Es decir, Tamara contando todo lo que contó hoy.
-Qué difícil… Creo que muchas más mujeres me hubieran apoyado. Creo que las mujeres no me hubieran odiado tanto como en aquel momento, porque hoy, la mayoría de las mujeres son como yo. Como yo era a los 27. Porque se animan un poco más a hablar, se animan un poco más a decir lo que piensan. Se animan a más por suerte. Así que quizás, si hoy entra a Gran Hermano una chica de 27 años igual a mí, creo que no hubiese sido el bardo que fue en ese momento. Yo la verdad, no tenía conciencia de que las mujeres se animaban tan poco. ¿Entendes? En esa época. Me han pasado miles de cosas eh. Me han… En los colectivos no te puedo decir. Las historias que… Antes de entrar a Gran Hermano, ¿no? Las historias que tengo arriba de los colectivos, de que te tocan el culo o una teta, te apoyan. Y después, cuando vos les decís algo, te empiezan a gritar ‘loca, me estás provocando desde que subiste’… Bueno, historias como esa, miles.
-Sí, todas las pasamos… Y cuando contestas, sos vos la loca. Sí, pasa.
-Sí. Pero, ¿sabes? No me importaba quedar como loca o que piensen que soy loca. Yo quería hacerle pasar la peor experiencia de su vida a ese hijo de puta y lo lograba. Y si yo quedaba como loca me chupaba un huevo. A veces, una por quedar como loca no grita lo que tiene que gritar. No dice lo que tiene que decir y es contraproducente. No importa que quedes como loca. Decí lo que tengas que decir. Decí lo que piensen y si estás equivocada, no importa porque es lo que pensas.
-Sí y hace bien porque uno sana. Sino te come por dentro lo que no decís. ¿Algo que te gustaría agregar?
-Yo creo que después de todo… Haber entrado a Gran Hermano y las consecuencias que sufrí después de salir me hicieron pasar por tantos momentos que hicieron a la mujer que soy hoy que de alguna manera… Es raro, pero es lo peor que me pasó la vida y fue lo que más me destruyó. Me destruyó a cero. Terminé en cero y me reconstruí de cero. Y hoy estoy con ganas de volver. Ya entiendo al medio ya entiendo cómo es esto, y ya entiendo lo que es el otro, y ahora vuelvo y…
- ¿Vas a volver con todo?
-No eh. Quiero volver despacito, quiero hacer las cosas bien. No quiero que se armen quilombos ni nada, ni ‘ay porque dije esto’. Quiero volver tranquila, dedicarme. Quiero actuar… Nunca dejé de actuar la verdad, pero… Eso es algo que también me trajo haber entrado a Gran Hermano sin querer. Que cuando ya no tuve guita, empecé a hacer presencia y en cierto momento me asusté porque me pasaban muchas cosas feas en los boliches… Y me ofrecieron una obra de teatro. Y yo dije ‘¿Qué? No, no se actuar. ¿Cómo voy a hacer?’ Y desde que me subí esa primera vez que me había llamado René Bertrand para reemplazar a Anabel Cherubito. Y era un re papel, era un papel protagónico. Y desde que me subí a aquel escenario con René, no me pude bajar nunca más.
–¿En qué año fue?
-2005, por ahí. O 2004, que hice “Bombones y Champagne”. Estaba Raúl Taibo, Beatriz Salomón, la Cherubito… Y yo estaba en el papel de la Cherubito. Y de repente, ¡estaba en el escenario trabajando con Raúl Taibo! No entendía nada. Lo bien que la pasé. A partir de ahí empecé a estudiar teatro. Eso fue gracias a la necesidad que me generó haber entrado en Gran Hermano. Hoy es mi vocación. Creo que me salvó la vida. Mi primer psicólogo fueron las clases de teatro.
De alguna manera, hoy puedo agradecerle a Gran Hermano que me haya destruido la vida. Agradezco que haya sido lo peor que me pasó, no sé cómo explicarlo… Costó un montón. Y he tenido bajones, cuando quedé embarazada y nacieron mis hijos, y se murieron y que se yo… Esto fue ahora… Y han salido notas hablando estupideces, inventando cosas y yo que seguía con este dolor de haber perdido a mis hijos.
Después no sé, un fotógrafo que me acosó y yo le gritaba y saltó una diciendo ‘Tamara no habrá quedado bien de la cabeza, lo que pasa es que se le murieron los hijos’… Hablando con esa libertad de la muerte de mis hijos, si yo estaba loca porque se me murieron los hijos. Ahí volví a caer, mi psiquiatra me tuvo que agarrar de los pelos para levantarme.
–¿Alguna vez pensaste en adoptar?
-En su momento, sí. Cuando no podía quedar embarazada. Y no lo lograba, no lo lograba. Y para mí estaba totalmente abierta la posibilidad de adoptar. Pero si podía, seguía intentando. Es más, yo quería tener un hijo y después quizás si adoptaba. Incluso, cuando me junté con Sebastián, con el tiempo a él también le hubiera gustado adoptar. Hoy, después de todo lo que pasó, nos costó mucho recuperarnos y hoy estamos bien y la verdad es que no sé Sebastián… Si él tiene posibilidad de tener hijos… Pero yo ya decidí que no. Ya pasó. Hubiese sido lindo si funcionaba, pero estoy camino a los 50. Ya pasó. No me va a dar. Estoy con Sebastián, nueve años cumplimos el otro día. Pasaron cosas que podrían habernos separado pero, sin embargo, nos juntó mucho más. Nos regalamos flores, las montañas. Logramos una relación super sana. Hay otro secreto… No convivimos, pactamos no convivir. En un momento convivimos 10 meses y bien, porque el departamento estaba en remodelación, pero no. Sino cuando seamos viejitos y sea una cuestión de necesidad, ahí veremos. Pero por ahora, la no convivencia es uno de los mayores secretos en la pareja.
“Estoy preparándome durante 8 años en terapia, en realidad a medida que iba sanando no me daba cuenta de que me estaba preparando para volver. Después de 8 años vuelvo al teatro, el próximo 13 de marzo estreno una obra con Antonio Leiva en el teatro Empire, así que estoy re emocionada. Y surgió, viste que cuando vos vas cambiando la energía te empiezan a llegar cosas que te hacían falta. Bueno, en principio este papel iba a ser para mi amiga Sandra Villarroel, pero ella está con mucho trabajo y me pasó el papel y bueno, dije sí, ya estoy es el momento. Es una obra clásica situada en 1920”, relata la ex GH a este medio.
“Además estoy preparando un programa de radio también para marzo, que además no tiene tanta exposición. Estoy tomando clases con Alejandro Scarzo de radio y me está ayudando mucho a armarlo. Será un magazine y apuntará a un público de 30 para arriba, con música delos 80 y los 90”, agregó Tamara en diálogo con Exitoína.
“Durante estos 8 años sané. La verdad es que las cosas que me pasaron cuando salí de GH fueron terribles. Tengo el proyecto de escribir un libro con toda la historia, con todo lo que me pasó adentro de la casa y afuera. Con detalles que la gente no tiene idea. La gente cree que sos famosa y que la vida te sonríe y que estás llena de guita y no siempre es así. Cuando te pasan cosas terribles decís 'tengo que escribir un libro', te digo que podría hacer una serie”, sentenció Tamara Paganini.
S.G./L.L.