El viceministro de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, comunicó que el régimen persa "no busca la guerra", sin embargo, enfatizó que "está preparado" para actuar en respuesta a cualquier ofensiva militar proveniente de Estados Unidos.
Asimismo, el funcionario indicó que, en el caso de ser atacado, Teherán "asestará un golpe contundente a las bases estadounidenses en la región", señalando que tales ataques no se limitarían a una respuesta proporcional, sino que serían adecuados a lo que consideren necesario para salvaguardar la integridad territorial del país.
Gharibabadi destacó que esta postura constituye la posición oficial del Estado iraní y no es un mero montaje, además advirtió que el conflicto no se limitaría a ser un enfrentamiento bilateral, sino que sus repercusiones podrían trascender la región y afectar el escenario internacional.
Adicionalmente, argumentó que tanto Estados Unidos como Israel son plenamente conscientes de las posibles consecuencias de un ataque limitado y que la respuesta de Irán podría ser mucho más amplia de lo que se anticipa.
Por otro lado, Donald Trump ha intensificado su retórica a través de su cuenta en la red social Truth Social, anunciando que "una enorme armada se dirige a Irán", liderada por el portaaviones USS Abraham Lincoln, y subrayando que está "lista, dispuesta y capacitada para cumplir su misión con rapidez y violencia, si es necesario".
Este intercambio de amenazas resalta la creciente tensión en la geopolítica de la región, donde las acciones y respuestas de ambos actores podrían generar un impacto significativo en la estabilidad del Medio Oriente y más allá.