El dirigente supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, emitió una advertencia contundente contra Corea del Sur al afirmar que su nación podría “destruirla por completo” en caso de que su seguridad se viera comprometida. Este mensaje fue pronunciado al finalizar el Congreso del Partido de los Trabajadores, el principal órgano del poder en Corea del Norte, y fue divulgado este jueves por los medios de comunicación estatales.
Kim reiteró su rechazo absoluto a cualquier forma de diálogo con Seúl, al que continuó definiendo como una “entidad hostil”. No obstante, dejó entreabierta la posibilidad de un eventual acercamiento con Washington, siempre y cuando Estados Unidos abandone lo que Pyongyang califica como su política “hostil”.
Según información proporcionada por la agencia estatal KCNA, el mandatario norcoreano ordenó la aceleración del desarrollo de nuevos sistemas de armamento para fortalecer las capacidades del Ejército, incluyendo misiles balísticos intercontinentales que pueden ser lanzados desde submarinos, así como un incremento en el arsenal de armas nucleares tácticas, tales como artillería y misiles de corto alcance, dirigidos específicamente hacia Corea del Sur.
Kim argumentó que el progreso en los programas nuclear y misilístico ha “consolidado de forma permanente” la posición de Corea del Norte como un Estado poseedor de armas nucleares, una condición que, subrayó, fue consagrada en la Constitución tras una enmienda aprobada en 2023. “Fortalecer y expandir aún más las fuerzas nucleares del Estado es la voluntad firme e inquebrantable de nuestro partido”, declaró.
El congreso, que tuvo lugar en Pyongyang y comenzó la semana anterior, se desarrolló en un clima de creciente tensión regional. Kim ha intensificado su alineación con Moscú, llegando incluso a enviar miles de soldados y equipos militares para apoyar la guerra de Rusia en Ucrania, presuntamente a cambio de asistencia y tecnología militar. Este giro estratégico ha exacerbado el conflicto con Washington y Seúl.
A pesar de su retórica beligerante hacia Corea del Sur, el líder norcoreano no cerró completamente la posibilidad de diálogo con Estados Unidos. “No hay razón para no llevarnos bien si abandonan su política hostil”, afirmó, en consonancia con la postura histórica de Pyongyang que exige el levantamiento de sanciones y el reconocimiento implícito de su estatus como potencia nuclear como requisitos previos para cualquier negociación. Las conversaciones bilaterales han permanecido paralizadas desde 2019, tras el fracaso de la segunda cumbre entre Kim y Donald Trump durante el primer mandato del ex presidente republicano.
En contraposición, el mensaje dirigido a Corea del Sur fue de confrontación absoluta. Kim desestimó los recientes gestos conciliadores del gobierno del presidente surcoreano Lee Jae-myung, a los que calificó de “engañosos”, y reafirmó que no tiene intención de restablecer vínculos con Seúl.